Aporofobia e inteligencia artificial

Estoy en el patio del Centro de Mujeres del Downtown Women Center de Los Ángeles, acogiendo a las primeras asistentes que llegan a pedir servicios, cuando se me acerca E., una señora latina de 71 años, residente del albergue que está en la esquina. Visiblemente preocupada, me advierte: «Por favor, tenga cuidado, hay un psicópata suelto que está atacando a personas sin hogar». Otra usuaria del centro confirma que ha ocurrido un asesinato en las calles de Skid Row, perpetrado con un arma de fuego.

La tarde anterior, el capitán de la Policía de Los Ángeles del Distrito Central me envió un mensaje informándome sobre un crimen: un hombre disparó a alguien que dormía en un banco público muy cerca de donde se encuentra el Centro de Mujeres, lugar donde colaboro tres días a la semana, cuando no estoy con la policía de Los Ángeles.

Es miércoles y el autor de estos crímenes ha quitado tres vidas, una por día. Estos asesinatos consecutivos son catalogados como crímenes en serie por la Policía de Los Ángeles y el Ayuntamiento de la ciudad. Se ha emitido una directiva a todos los servicios de asistencia para que intenten albergar a las personas que viven en la calle. Sin embargo, la realidad es que las camas disponibles son escasas. En los albergues de Skid Row, apenas una veintena son de acceso libre, y el resto se encuentran ocupadas a medio plazo. Por ello, se han lanzado advertencias y consejos de autoprotección, y se ha reforzado la presencia policial en la zona.

Estos homicidios me recuerdan a los homicidios en Barcelona durante la COVID19, cuando un hombre acabó con la vida de tres personas mientras estas dormían al raso. En L.A es más frecuente, sobre las mismas fechas, otro hombre grabó como él mismo disparó a un señor que dormía ocupando toda la acera.

Es la cara más brutal de la aporofobia, concepto acuñado por Adela Cortina y que significa el odio a la pobreza. La aporofobia tipifica como delito de odio en el código penal español, pero no en el Penal Code de California, que solo incluye aquellos delitos causados por razón de ideología, etnia, orientación sexual o discapacidad.

Aún así, en Los Ángeles, la LAPD sí que hace un seguimiento específico de los crímenes cometidos contra las personas sin hogar y aquellos en los que la animadversión a la pobreza es el motivo del delito. Hace unas semanas, visité las oficinas centrales del equipo de COMPSTAT que analizan los datos delincuenciales de toda la ciudad. Tuve la suerte de hablar tres horas con ellos y me enseñaron como trabajan y cómo homogeneizan y coordinan las estrategias de resolución de conflictos en toda la ciudad.

Por un lado el equipo de COMPSTAT se reúne semanalmente con los capitanes de las distintas comisarías para alinear las estrategias (missions) y para evaluar buenas prácticas. Por otro lado elaboran informes monográficos sobre áreas de especial interés, una de ellas son los delitos relacionados con el sinhogarismo: Su base de datos delincuencial permite, cuando las patrullas elaboran sus diligencias, anotar si la persona (víctima o autora del delito) está viviendo en la calle o en refugios. Lo hacen con el formato de etiqueta de modus operandi.

Semanalmente emiten un informe de indicadores específico sobre sinhogarismo que permite detectar la victimización y tipos de delitos asociados a esta población. Se emite por áreas de la ciudad y compara con el mismo período del año anterior para  evaluar el incremento o decrecimiento de ciertos tipos delictivos. Según Jessica, del equipo de COMPSTAT, para detectar patrones y modus operandi delictivos necesitan más herramientas.

De ello se ocupan los equipos de análisis criminalístico de las distintas comisarías. Así que pude entrevistar a María, la analista de LAPD Central que me enseño su software de mapificación que permite situar los tipos delictivos que se deseen en las franjas temporales que se designen. Juntas, me muestra cómo des del mes de junio ha habido 1.300 delitos violentos en Skid Row, de los cuáles 379 han sido víctimas mujeres. Parte de estos datos se puede consultar en el Open Data de la LAPD.

Cuando le consulto sobre los delitos de odio aporta una respuesta que me sorprende: la mayoría son entre la población sin hogar o “transient” como ella refiere y por motivos de orientación sexual, es decir, delitos contra las personas bisexuales, gay y, en especial, las trans. Esto me recuerda en las múltiples conversaciones con las trabajadoras del Downtown Women Center sobre las mujeres trans que vienen al Centro a ducharse, comer y pasar el día allí pero que en su apariencia aún tienen rasgos masculinos. “Es porque las veces que han mostrado rasgos femeninos maquillándose, o vistiéndose como mujeres que son, las han apalizado” me dijo una. “La calle es salvaje y muy insegura para las mujeres trans” me dijo otro trabajador.

Todo ello me invita a recalcar cómo, pese a los intentos de COMPSTAT y los analistas de distrito de cuantificar los delitos y poder precisar la intervención policial en una implementación del Intelligence Led Policing, la cifra oscura de los delitos que no se reportan por miedo a represalias, por temor a no ser creídos, por desconfianza en el sistema judicial, es muy elevada.

De todos modos, el análisis geográfico de los delitos, especialmente los violentos, es clave para el trabajo policial en la LAPD. En Central, por lo que pude ver, semanalmente elaboran mapas en los que sitúan los crímenes acontecidos y el modus operandi de cada uno. Esto permite, como me explica el sargento Hutchins, que en las reuniones de mandos se resituen las “mission” y trazar operativos específicos.

Así ocurrió cuando dos detectives de LAPD Central detectaron una correlación entre los tres homicidios ocurridos en tres puntos distintos de la ciudad en los últimos tres días: el modus operandi. El autor se desplazaba en automóvil, se detenía ante hombres mayores de 50 años cuando éstos dormían o descansaban y desde el mismo vehículo les disparaba con una arma de fuego. La detención del autor serial sucede dos días más tarde y el modo me ha dado mucho que pensar:

En una ciudad cercana a Los Ángeles, San Dimas, se produce un robo en un hogar y el autor acaba con la vida del hombre que allí residía un trabajador del condado padre de dos niños. Aparentemente no tiene nada que ver con los homicidios seriales del centro de Los Ángeles. Los detectives de homicidios hallan en una de las cámaras de control de tráfico de la ciudad el vehículo del autor y cuelgan la placa de matrícula en una base de datos compartida entre las policías municipales y la policía del Condado.

Es así como (entre otras policías) la comisaría de la LAPD de Beverly Hills, que cuenta con drones y 50 cámaras de tráfico con lector AI de placas de matrícula, cuelga en su sistema informático la placa de matrícula en cuestión. Unas horas más tarde, el vehículo es detectado por una de estas cámaras. Las patrullas detienen el vehículo y arrestan al conductor. En la perquisición del vehículo hallan una arma de fuego que, al ser pasada por la base de datos común de balística, coincide con la del autor de los homicidios a personas en situación de calle.

En la rueda de prensa, el Chief Michael R. Moore de la LAPD aporta una reflexión: “Esta detención ha sido posible por la coordinación constante entre ambos cuerpos policiales. Sin embargo, hoy no estaríamos aquí celebrando un arresto si no posiblemente lamentando una muerte si la LAPD de Beverly Hills no contase con cámaras de lector de matrículas. Sabemos que la población es muy reticente al uso de la inteligencia artificial para fines policiales, pero en este caso ha permitido capturar a un autor serial que, de lo contrario, seguiría acumulando vidas humanas”.

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