Servir y proteger… ¿O más?

El Lyft me deja en la Sexta con Wall Street. En la esquina, un bungalow de obra móvil con duchas provisionales para las personas que viven en la calle. Los alrededores de la comisaría son un campamento de tiendas, sillas, y lonas de plástico. En la escalera que lleva a la comisaría hay dos personas acostadas. 

Entro y en el lobby hay un grupo de jóvenes, rodarán los veinte años y están esperando a que les hagan un tour por la comisaría. Hablando con los policías de recepción hay una mujer rubia. Tendrá treinta y largos años, lleva una gorra de visera plana de color rosa y gafas de sol, tan grandes que le cubren parte del rostro. Veo que está escribiendo y tiene delante su pasaporte.

Pasados unos minutos aparece un hombre joven que dirigiéndose al policía señala con la mano a la mujer y dice que está con ella. Pasan algunos minutos más y aparece un tercer hombre que se dirige a ella y con tono agresivo le pide que quiere recuperar su coche. “¿Dónde están mis hijos, más te vale que no te los hayan quitado servicios sociales, no me gustas, solo quiero recuperar mi coche”. Los policías le piden que se vaya del lugar.

Parece que la mujer ha acabado de escribir, levanta una tira de más de diez post its pegados unos a otros y empieza a relatar lo que ha venido a denunciar: “soy coreógrafa de artistas de Hollywood (nombra a Beyoncé y a Rihanna), he sido profesora de danza de escuelas internacionales, he dirigido más de un musical de gran éxito. Hace más de un año que el hombre que me aloja a mi y a mis hijos me acosa. No para de escribirme y de perseguirme. No puedo marchar porque no tengo alternativa, no me puedo mantener por mi sola. He hablado con más de siete detectives y he escrito cartas de recomendación para cada uno de ellos (menciona sus nombres), para el subinspector incluso aunque esté jubilado. Si total, ahora ya no me puede ayudar. El resto no ha hecho nada. Y ahora tengo que pagar más de seiscientos euros acumulados por multas en mi coche pero yo no los voy a pagar porque mi coche ha sido robado”. 

El grupo de jóvenes, en escuchar el relato de la mujer, estallan en risas. “Vaya película se ha montado” suelta uno y el resto del grupo aplauden su broma simple y desconsiderada. De fondo, puedo oír como los policías están contrastando cada uno de los datos que ella les ha proporcionado. Llaman a un superior y él tramita la denuncia. Más tarde me explicarán que este tipo de acoso por parte de los propietarios de alquileres sociales ocurre, al margen que el resto del relato tenga partes ideadas, merece un mínimo de investigación.

Entro en la comisaría y Gordon, el sargento del equipo de Policía Comunitaria me explica que el nuevo capitán va a dar un discurso en la sala de briefing, por si quiero asistir. En ese momento desconozco, escéptica, que este va a ser uno de los discursos que más situará en la realidad policial de este distrito.

Extractos del discurso del nuevo capitán en su primer día en LAPD Central:

“La policía de Los Ángeles ha perdido más de 1.000 policías en un año debido a los recortes y a la dificultad por captar candidatos. 100 tan sólo en Skid Row, el barrio que condensa un tercio de los hechos delincuenciales del centro de la ciudad. No he venido a resolver los problemas de este distrito, he venido a apoyar a sus policías con todo lo que tengo. Lo haré porque estas personas ponen su vida en la línea porque les importa su trabajo y lo que aquí ocurre. 
Lo haré porque hay tareas que sólo la policía puede hacer y si no, a las tres de la madrugada, cuando hay una pelea en una de las calles de Skid Row, a quién se va a llamar? Y es que hoy se nos llama para múltiples tipos de problemas y nos convertimos en el parche que cubre todas las soluciones, hoy todo parece un problema del que la policía se tiene que ocupar y cuando estos policías vienen a trabajar el número de llamadas sin atender no hace más que crecer. 
Muchas personas con altos cargos llegan a los sitios queriendo cambiar y darle la vuelta a todo, pero antes de hacerlo hay que llegar y ver como todo funciona, lo que va bien y lo que no. Lo primero que quiero hacer es hablar con los policías, con los agentes, para que me cuenten lo bueno, lo malo y lo peor porque antes de cambiar nada quiero andar cien millas en sus zapatos. 
Desde 2020, desde Black Lives Matter y George Floyd, somos (o quiero pensar que somos) más humildes. Hemos aprendido a escuchar más, con lo difícil que es escuchar en estos tiempos. A veces, escuchamos las peticiones de la comunidad y a nosotros como policías no nos parecen ni urgentes ni relevantes, pero lo son, porque para las personas que aquí viven también lo son. 
Mi rol, aquí, como capitán, es asumir los golpes si las cosas no funcionan bien o como deberían, porque el éxito tiene muchos hijos pero el fracaso solo tiene un padre, y ese de ahora en adelante soy yo.”

Detrás de él puedo ver un pequeño altar, imagino que por algún compañero caído, y un gran mural con la bandera americana en barras negras y una barra azul en medio. Es la bandera de Blue Lives Matter, el movimiento policial que nació a la contra de Black Lives Matter. Una línea azul de protesta que en algunos casos hace que la barrera que separa a la policía de su comunidad, sea aún mayor. 

Del discurso del nuevo capitán puedo detectar dos cuestiones de trasfondo: Primero, que la policía del centro de Los Ángeles no se siente reconocida ni respaldada por su comunidad política o ciertos colectivos civiles, y segundo, que los policías de esta comisaría defienden que pueden hacer más por transformar la ciudad pero sienten que tienen las manos atadas o que no se cuenta con ellos/as. Ambas cuestiones las exploraré en profundidad en las próximas semanas.

Poco después conozco a los agentes del equipo de policía comunitaria que, con un humor basado en bromas internas, muestran que son un equipo muy cohesionado. Gordon, el sargento, me explica que solo manteniendo el momentum de ser “una familia” se evita dar lugar a la frustración (de cuando la realidad no cambia por mucho que uno se esfuerce) o el burn-out (de la sobrecarga de trabajo en barrios tan difíciles). Quizás ambos sean inevitables y que hay que darles lugar sin que se coman todo el buen ambiente, hay que escuchar, entender las necesidades y generar cambios dentro de nuestras posibilidades para que el ambiente y el trabajo estén siempre en buen equilibrio. 

Gordon me explica que selecciona con mucha cautela quién forma parte del equipo porque es un sitio de trabajo que permite obtener dos barras y una estrella, por lo que es atractivo para personas que quieren ascender en muy poco tiempo. “Yo quiero a personas comprometidas que quieran formar parte de este equipo y trabajar por su territorio”, concreta, y añade que hay dos referentes por cada barrio y que su horario es flexible y se adapta a las necesidades de cada día y problemáticas de cada zona.

En la oficina de la policía comunitaria, llena de papeles, ropa y mesas con ordenadores conozco a Flores y a Frank que son como zipi y zape, dos Senior Lead Officers con más de cincuenta años de experiencia a las espaldas entre los dos y con un humor interminable; hablo con  Adrián,  que antes de estar en la policía comunitaria estuvo quince años en antivicio, de paisano tras las mafias de tráfico de drogas. “Lo que parecía que eran dos jóvenes pasándose una pelota de tenis de punta a punta de la calle eran pases de droga: uno ponía el dinero dentro del balón y el otro lo cambiaba por la dosis” relata y añade mucha información sobre los aprendizajes que sacó de cada proceso judicial.

Conozco a Deon y Veronica, que llevan el barrio de Skid Row. Deon ha escrito un libro sobre sus veinticinco años de experiencia en estas calles, se llama Stepping across the line: cruzando la línea para acercarse a la comunidad que vive en las calles de Skid Row pero todos sus aprendizajes y todas sus opiniones las reservo para otro post.

Solo avanzaré que se define a sí mismo como un buen samaritano que quiere rescatar a las personas de la calle. Esta cuestión también la exploraré más adelante como elemento compartido con policías que he conocido en Barcelona y que, como Skid Row para Deon, las calles y las personas de las que se ocupan trabajando son una parte importante de su vida y lo que allí ocurre se lo llevan a casa, van más allá de sus responsabilidades y cruzan la línea, lo que aquí llaman to go the extra mile.

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