San Francisco alcanzó un máximo histórico de 806 muertes por sobredosis en 2023, 653 de ellas por fentanilo. Ese mismo año, la policía de San Francisco y sus agencias asociadas a la persecución del tráfico de drogas incautaron más de 80 kilos de fentanilo solo en el distrito de Tenderloin, parte de un total de más de 123 kilos de narcóticos decomisados en esa zona durante ese año. En operaciones más recientes hasta finales de 2025 hubo una acción conjunta que resultó en la detención de 55 personas vinculadas al tráfico de esta droga.
Una de las diferencias más claras que observé durante las cinco semanas que pasé en Tenderloin respecto al tipo de consumo que esperaba en las calles este otoño de 2025 es la gran cantidad de personas de pie, dormidas, anestesiadas, sosteniendo en una mano papel de plata y, en la otra, una pajita. Sentadas en las aceras con una pistola a modo de mechero y una pipa de cristal. Por un momento pensé que, como vi en Los Ángeles en 2024- y lo que fue el principal diferenciador con respecto a 2023- el consumo de metamfetamina se había disparado. A diferencia de Skid Row, en Tenderloin en 2025 hay otra tendencia y es que el fentanilo ya no se consume principalmente por vía intravenosa. Hoy se fuma.
Este cambio explica por qué casi no se ven jeringuillas en el espacio público, a pesar de que el consumo sigue siendo alto y muy visible. En las calles, callejones y alrededores de estaciones de metro o servicios sociales, lo que se ve ahora son mecheros, papel de plata, pajitas y pipas de vidrio.


Sea porque muchas personas llevan años consumiendo opiáceos y ya no pueden o no quieren inyectarse. Sea por rl precio, ya que en Tenderloin se puede obtener fácilmente por 5 a 10 dólares el gramo, con calidades consideradas mejores por su sabor al fumarlas que oscilan los 20 dólares. A estos precios, el consumo no es puntual, sino repetido a lo largo del día. El factor más decisivo para pasar al fentanilo fumado ha sido, sin embargo, el boca-oreja sobre el hecho de que es menos probable tener una sobredosis si fumas fentanilo en lugar de inyectarlo.
Aunque el riesgo siga existiendo. Porque el efecto del fentanilo fumado es evidente a simple vista. Las personas quedan completamente dormidas en la posición en la que se encuentran: de pie, curvadas hacia delante, apoyadas en farolas, sentadas en el suelo o en escaleras. No se trata de descanso, sino de una sedación profunda que anula la capacidad de moverse o reaccionar durante largos periodos de tiempo.



Para contrarrestar ese estado, el consumo de metanfetamina es muy frecuente. Muchas personas alternan fentanilo y metanfetamina varias veces al día. El fentanilo sirve para calmar el cuerpo y la mente; la metanfetamina permite activarse lo suficiente como para caminar, hablar, vigilar las pertenencias o acceder a recursos básicos. Ambas sustancias se consumen con el mismo formato, lo que facilita el cambio constante entre una y otra.
Es la necesidad de mantener un mínimo de funcionalidad. Sin la metanfetamina, muchas personas quedarían completamente anuladas por el efecto del fentanilo. Sin el fentanilo, la ansiedad, el malestar físico y el agotamiento se vuelven difíciles de sostener. El mayor riesgo es el consumo de la resina residual que queda en el papel de plata o al fondo de la pipa, es lo que contiene mayor concentración de sustancia y lo que puede provocar una sobredosis inesperada. Algunos consumidores regalan esta resina por su potente efecto. Otros, no lo hacen ya que saben el daño que puede ocasionar.
Lo anterior vislubra como, en este entorno de consumo también existen distintos niveles de precariedad . El formato de consumo es uno de los indicadores más visibles. El uso de papel de plata con pajita se asocia a las situaciones más extremas de marginalidad. Es el formato más barato, más desechable y el que no requiere ningún tipo de cuidado ni estabilidad. Se usa en cualquier lugar y se tira inmediatamente.
La pipa de vidrio aparece entre personas que, aun viviendo en la calle, tienen algo más de margen: duermen ocasionalmente en un SRO, en un refugio, o tienen red social que les permite conservar objetos. Poder mantener una pipa implica no perderla, no romperla y tener dónde guardarla. No elimina el daño, pero marca una diferencia clara dentro del mismo contexto de exclusión. Estas diferencias no son anecdóticas. Muestran que incluso dentro del consumo visible en la calle existen jerarquías de precariedad. El papel de plata señala a quienes están más abajo, con menos control sobre su cuerpo, su entorno y sus pertenencias.
El problema es que los recursos de salud existentes no están adaptados a esta realidad. Existen programas de reducción de daños con tratamientos para aminorar el consumo de opiáceos en un camino hacia la abstinencia, como la metadona o el suboxona, pero no funcionan bien cuando la metanfetamina forma parte central del día a día. Muchas personas que entran en estos programas siguen necesitando la meta para poder moverse y mantenerse activas. No hay aún, a día de hoy, ningún sustitutivo médico para la metamfetamina.
A día de hoy no hay programas detox adaptados que permitan abordar de forma conjunta el consumo de opiáceos y estimulantes. El resultado es que se reduce el riesgo de muerte inmediata, pero se cronifica una situación de deterioro profundo para la que no hay una salida clara.
Lo que ocurre en Tenderloin muestra que la crisis del fentanilo no ha desaparecido. Ha cambiado de forma. El paso al consumo fumado ha reducido las sobredosis, pero ha consolidado un modelo de consumo combinado que expone a las personas más vulnerables a una precariedad aún mayor, sin que el sistema esté preparado para responder.
- Mars, S. G., Holm, N., Ondocsin, J., Fessel, J., Schlosser, A., Cowan, A., & Ciccarone, D. (2024). Fentanyl Smoking in San Francisco: Early Signs of a New Connoisseurship. Human organization, 83(4), 303–314.