De la lluvia al fuego

2024 llegaba a su fin con la mayor tragedia medioambiental vivida en España. 2025 ha iniciado con los incendios más devastadores y una de las catástrofes más costosas de la historia de Los Estados Unidos.

Cuando en julio de 2017 acababa el máster en gestión de la seguridad, crisis y emergencias tenía muy claro que este siglo es el de los grandes avances tecnológicos, pero también el de las grandes emergencias. Aunque quizás deberíamos revisar su definición, porque como emergencias ya poco tienen de imprevisibles: sus causas son (directa o indirectamente) humanas y, por lo tanto, prevenibles o, al menos, mitigables.

Aún así, la Dana me arrolló emocionalmente: aquí no estamos acostumbrados a imágenes de inundaciones al estilo Nueva Orleans y cuando el desastre nos llega a las puertas de casa es cuando más nos mueve, más nos asusta.

Meses más tarde un buen pellizco de la ciudad en la que viví ha ardido y casas de conocidos han quedado reducidas a las cenizas, he visto en las redes muchas similitudes con nuestra Dana. Un dejavu en forma de fuego: personas llorando frente a sus casas desoladas, buscando a sus familiares, a sus animales de compañía. Pero hay mucho más; hay, en todas estas emergencias, un halo de globalidad que ya no podemos rehuir.

1> Negacionismo climático

Los gobiernos estatales o regionales tanto de EEUU como de España fallaron en distintos ámbitos de la prevención de la emergencia así como de su gestión in situ. Si bien en Valencia Mazón desintegró Unidad de Emergencias, desestimó el sistema de alertas de protección civil que tantas vidas habrían salvado y pasó la responsabilidad de unos a otros sobre la movilización de la Unidad Militar de Emergencias así como la colaboración de servicios de emergencias de todo el Estado para acabar dependiendo de camiones cuba de otros países como por ejemplo Marruecos; en Estados Unidos Trump hablaba de conseguir Groenlandia y Panamá en X los mismos días en que quema su ciudad de los sueños. 

2> Desinversión y caos en el sistema de prevención y de protección civil: 

En Los Ángeles las alertas de evacuación presentaron errores avisando a vecinos de una calle el día anterior y a otros no les llegó alerta ni con las llamas quemando su jardín. En las zonas afectadas los hidrantes y bombas de agua han fallado porque se les ha llevado al extremo al estar planeados para acabar con el incendio de dos casas, no de cientos y las reservas de los hidrantes estaban en mínimos por el abastecimiento incesante de agua a ese lado de la ciudad, hecho que ya se había detectado y alertado previo los fuegos. Los recortes continuos que sufre el cuerpo de bomberos han llevado a que, para conseguir más personal, los presidiarios están haciendo el trabajo de los bomberos forestales por 10 dólares al día. Actualmente hay 14.000 bomberos de California, Los Ángeles, México y 1.000 convictos apagando los fuegos.

3> Redes sociales sobresaturadas las primeras semanas de la tragedia y olvido posterior.

las redes sociales se empaparon de contenido las veinticuatro horas, contenido altamente sensible que nos chillaba: HAZ ALGO. Como resultado, mareas humanas cruzando el puente de Valencia y llegando a la zona cero para ayudar con cuerpo y alma. Otros; para hacerse la foto de rigor y colgarla en Instagram y/o Tiktok para aumentar su credibilidad social.

En Valencia, mensajes como “El Poble salva el poble” inundaron las redes durante semanas, movilizaron miles de voluntarios y fue común ver a influencers y celebrities en el terreno ayudando. Fue una ventana directa a la emergencia desde dentro para ver cómo, en muchos municipios, la ayuda profesional estaba por llegar. También fue una llamada a la marea humana que inundó municipios con tareas que correspondían a servicios de emergencia especialistas y con maquinaria necesaria.

En Los Ángeles, los gofundme y la presencia de celebrities fue abrumadora las primeras semanas de la tragedia. Cuatro semanas después, cuando las familias aún están descomponiéndose, no aparece casi en redes. Además, tanto en la Dana como en Los Ángeles, la cobertura en redes ha sido desigual territorialmente: Palisades en California y Catarroja o Picaña en Valencia coparon toda la atención mientras otros municipios estaban igual o más afectados y sus vecinos sin recibir apoyo. 

4> La comunidad como el eje de todo: El poble salva el poble. 

 Tanto en Valencia tras la DANA como en Los Ángeles después de los incendios, las comunidades respondieron con mareas humanas de voluntariado y una avalancha de donaciones materiales. Signo positivo de solidaridad, también generó problemas logísticos.  

En Valencia las listas con aquello que hacía falta y de lo que no se podían permitir recibir más proliferaron en las redes. Las imágenes de centros de acopio sobresaturados también alimentó la desinformación así como los autocares de voluntarios sin tareas asignadas que no llegaban a zona cero.  

En Los Ángeles, tras los incendios, la sobrecarga de donaciones físicas (ropa, muebles, etc.) obligó a los mismos ciudadanos a organizarse. Centros de acopio improvisados como gasolineras y gimnasios han abundado, así como psicólogos ofreciendo sus servicios gratuitamente o granjas que acogían animales.

5> Un camino muy largo (y costoso) a recorrer: Muchas incógnitas para quien lo ha perdido todo.

En Valencia, las inundaciones destruyeron viviendas, vehículos y medios de vida, dejando a muchas familias sin saber cómo reconstruir su futuro. Las indemnizaciones por seguros, ayudas estatales o fondos solidarios suelen ser lentas y burocráticas. El Estado aprobó un paquete de ayudas para las personas afectadas por la Dana. 

En Los Ángeles, la pérdida de hogares por incendios también deja a las personas en una situación de incertidumbre prolongada, especialmente considerando los altos costos de reconstrucción y el mercado inmobiliario local extremadamente caro. Las ayudas de la FEMA incluyen medidas para la reconstruccion de los hogares afectados por los incendios. En ambos contextos, muchas personas enfrentan la posibilidad de quedarse sin hogar. 

Las secuelas en la salud mental dejan profundas marcas psicológicas.  En Valencia, los afectados por la DANA experimentan estrés postraumático, ansiedad y miedo a nuevas inundaciones.  En Los Ángeles, al impacto de los incendios se suma al estrés crónico de vivir en áreas vulnerables y al duelo por las pérdidas materiales y emocionales. Abundan las historias de personas desoladas al no encontrar reliquias familiares, álbumes de fotografias, regalos de sus padres y abuelos. Además, el humo tóxico de los incendios si afecta prolongadamente durante más de un mes, inflama el sistema neurológico, en especial el hipocampo, causando daños irreversibles e incrementando la posibilidad de sufrir alzheimer, parkinson y demencia. 

El coste económico de ambas emergencias es el más elevado hasta la fecha, la Dana, estimada en 15.000 millones de euros. Los incendios de Los Ángeles, ya está cuantificado el daño en $250 billones de dólares, siendo una de las catástrofes más costosas de la historia de Estados Unidos.

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