Ciudad de ángeles y demonios

«Hi darling how are you doing?» le pregunta una mujer al policía que está en la recepción de la comisaría de LAPD central. Tendrá cincuenta años y le dice que vive a dos calles, en Skid Row. Alternando francés e inglés le explica que vive en un piso dos esquinas más allá con su hijo. El policía más tarde me confiesa que el hijo de esta mujer falleció hace años en un accidente. Escucho como ella le dice al policía que es la última vez que acude a comisaría, ha venido a despedirse porque su novio, que es famoso, se la va a llevar de viaje. Veo como le enseña una foto de whatsapp de un contacto con el que chatea, es Will Smith. Resulta que es habitual que las engañen, haciéndose pasar por personas famosas para quitarles la pensión cada inicio de mes. 

Esa misma mañana, en el centro de día, hablo con D., una joven de 19 años que compone canciones preciosas. Tras semanas conversando me explica que su madre la engaño y vendió una canción a una discográfica por millones de euros, me la pone en el móvil y es «Flowers» de Miley Cyrus. En este momento que aparece J., una mujer trans que se pone a bailar danza contemporánea, al terminar me explica que cortó toda comunicación con su hijo porque él trabaja para la CIA y le roba las ideas. Horas más tarde aparece M., una chica de 35 años que puntualmente acude al centro. «Today something happened» y me relata cómo una secta en la que está involucrada la policía local y el FBI le han hecho santería para convencerla de acabar con su vida. Según ella, es la misma secta que captura a chicas jóvenes, las droga y las hace prostituirse en la calle. 

A lo largo de los tres meses que he estado en la comisaría de LAPD Central y haciendo voluntariado en el Downtown Women Center he conocido a muchas personas que viven en las calles de Skid Row. Muchas de ellas sufren de salud mental. Otras se aferran a la fe hasta tal punto que ven a ángeles, que según F. son altos y brillantes; demonios, que según E. se les puede detectar porque hablan de forma extraña. La santería está en cada esquina, las persigue, es la culpable de sus males. Creen intensamente en ello como raíz de sus problemas.

En 2023, alrededor del 36% de la población sin hogar de Skid Row padecían enfermedades mentales graves. En Los Ángeles, el 25% según el recuento de LAHSA. En las mujeres en la calle la vulnerabilidad es desmedida. Se le añade la negación de las mujeres hacia la salud mental, des del tabú, des del trauma no aceptado ni gestionado. Como es el caso de E., que me decía que siempre había sido una mujer fuerte que había criado a sus seis hijos y tres nietos y que no necesitaba ayuda de nadie, aunque cada mes pagaba 500$ a un hombre que decía ser Johny Depp. O el caso de L., que había criado a cinco hijos con un marido que la molía a palos y la agredía sexualmente y que ahora con 72 años se veía en la calle, con un día bueno y tres muy malos, quitando importancia a una vida de golpes y su lucha personal, ahora, era contra los autobuses, que se la tenían jurada y querían acabar con ella.

Una parte de lo que narran es real, pero su experiencia con la policía y con el sistema judicial a menudo es de descrédito. «La clave está en escuchar sin juzgar, creyendo cada palabra porque solo así podemos crear el entorno de confianza necesario para que nos denuncien las violencias que viven», me explica Senior Lead Officer Deon Joseph mientras patrullamos. «Una vez, un hombre vino a alertar que habían violado a una mujer con un cuchillo en la vagina, hasta dejarla inconsciente debajo de una montaña de ropa, si no llega a denunciar no las encontramos con vida», el hombre reconoció que le vio un día tomando declaración a una mujer en la calle que por todos es conocida por tener esquizofrenia paranoide y que Deon la escuchó e incluso tomó notas, lo que le llevó a pensar «Si ha creído a esta mujer me va a creer a mi».

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Según el informe de necesidades Los Angeles County Women’s Needs Assessment, casi la mitad (45.6%) de las mujeres recibieron tratamiento para problemas de salud mental en el último año. Sea en forma de centro de crisis y trauma como The Oasis donde hoy vive E.; del departamento de salud mental o de otros equipos como el C3 de The People Concern que recorren la calle y ofrecen servicios de psiquiatría cuando las personas tienen ataques de ansiedad o de violencia. En el Grand Hotel del programa Inside Safe, que pude visitar y donde está alojada F., con quien hoy aún mantengo contacto, el equipo de psiquiatría está compuesto por tres profesionales con un jefe disponible las 24h en caso de crisis en el hotel.

Pero si hablamos de ingresos hospitalarios, no hay camas disponibles. El fallo del sistema de salud mental es sistémico y recae en la respuesta de las administraciones públicas a una crisis que en Estados Unidos empezó hace más de cuarenta años con el cese de inversión pública en vivienda social y el cierre de las instituciones de salud mental. En los años ochenta, las instituciones de salud mental cerraron en EEUU por ser considerados que atentaban contra los derechos humanos. En su sustitución, no se creó ningún sistema alternativo. Actualmente, solo tres hospitales en la ciudad tienen plantas de emergencias psiquiátricas y a diario hay solo tres o cuatro camas disponibles. Los hospitales, entonces, estabilizan a los pacientes con medicación en la sala de urgencias y les dan el alta en menos de 12 horas.

La policía de Los Ángeles, la LAPD, cuenta desde 2005 con la Mental Evaluation Unit (MEU). Un equipo centralizado que cuenta con 70 agentes y se desplaza de paisano y en vehículo no logotipado por toda la ciudad a las emergencias más críticas hacia la vida, para, junto con un/a psiquiatra, determinar el ingreso involuntario y la entrada directa a una planta de tratamiento. Son, como dice el Senior Lead Officer Julian de esta unidad, a quien he conocido en la comisaría de LAPD Central, «un servicio boutique» así que no acuden a todos los servicios, sólo a los más críticos.

Cuentan con un dispatcher en el que asesoran a todas las patrullas en los incidentes que implican salud mental y disponen de vehículos para trasladarse, junto con un/a médico psiquiatra a aquellos más críticos. Tienen contacto directo con la fiscalía de incapacitaciones y con el sistema hospitalario de modo que conocen a qué hospitales pueden llevar a una persona en pocas horas. MEU también es la encargada de formar a todos los policías en materia de salud mental y de avalar cuando un agente que ha hecho uso de la fuerza en una intervención fatídica está preparado/a para volver a la tarea operativa de calle.

En contrapartida al sistema de ingresos hospitalarios, fuera de los casos más extremos, la ciudad de Los Ángeles está empezando a construir un nuevo modelo comunitario de salud mental inspirado en el modelo creado en la ciudad de Trieste, Italia basado en el tratamiento de la salud mental dentro de la comunidad, más que en hospitales psiquiátricos. Este enfoque pone énfasis en la importancia de tratar a las personas con problemas de salud mental de manera digna y humana, promoviendo su integración social y laboral. El modelo se centra en un sistema de ‘microáreas’, donde los servicios se reparten dentro de una geografía vecinal muy reducida.

En Los Ángeles pude asistir a la presentación del programa piloto de Hollywood Forward (HW4D) con miembros de la comunidad y con la dirección del Department of Mental Health del condado de Los Ángeles. El Hollywood Mental Health Cooperative (Hollywood 2.0) se enfoca en proporcionar un amplio rango de servicios de salud mental. Esto incluye atender a los clientes y sus familias en diversas ubicaciones como clínicas y en el campo, y también ofrecer servicios intensivos las 24 horas. Este enfoque integral busca adaptarse a las necesidades específicas de cada persona en su proceso de recuperación y bienestar mental, garantizando un soporte accesible y personalizado. Tras dos años de constituir el proyecto, abrieron en Octubre de 2023 y en solo un mes llenaron los dos centros: «Interim Housing with Mark Twain» con 44 residentes y «A New Dawn» con 21 residentes.

La clave de estos modelos está en el pequeño formato integrado en comunidades de alcance censal, es decir, microterritorios más pequeños que los barrios o los distritos. A la presentación acudió el director (CEO) de Fountain House, una organización sin fines de lucro de salud mental con sede en Nueva York inspirada en el modelo de Trieste y que se ha replicado en más de 300 lugares en 40 estados y 30 países. El acceso inicial no tiene coste pero las personas deben presentar su seguro médico.

Pienso en las mujeres con las que he compartido tres meses en Los Ángeles y cómo este tipo de comunidades las ayudarían a reconstruir y crear una red segura. F., que entró en el Grand Hotel y me llamó a la semana porque se sentía muy sola. E., que al marchar F., se sintió que no tenía amistades. L., que siente que solo puede confiar en su hija, que vive a 100km de Los Ángeles. Pero de nuevo, este tipo de proyectos dependen de la voluntad de los vecinos, de alcaldías y concejalías, de inversión público-privada y de disponibilidad de recursos. Ojalá lo consigan ampliar a más áreas porque, en formato pequeño, Skid Row es el último barrio al que ir, la magnitud asusta.

1 comentario

  1. Culpidora lectura! Felicidades Lidia por toda la reflexión. Seguro que esas mujeres a las que pudiste regalar tu escucha por momentos les devolviste el sentimiento de ser importantes para alguien. Buen trabajo 👍

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