El fentanilo nos está matando

Cada día hago el mismo trayecto en bicicleta para ir y volver de Skid Row. En la salida de la 2th Street, debajo de la highway 110 hay dos túneles. En cada inicio y fin de tramo hay tiendas, toldos, cochecitos, mesas, estanterías que delimitan y consistuyen las casas de varias personas que allí residen. A las siete de la mañana suelen estar algunos durmiendo. Es a la vuelta, a las tres de la tarde cuando he visto ocasionalmente a alguno de ellos inyectarse, o encender su pipa de crack.

La semana pasada, con el sol convirtiendo el asfalto en brasas vi un hombre tendido en el suelo. El color de su piel era amarillenta tornando a gris-violácea. Me detuve al lado y dos personas estaban abriendo un bote pequeño de color blanco y colocándoselo en la nariz. «¿Llamo al 911?» les pregunto. «Ya están avisados» me responden.

Según los últimos datos del California Department of Public Health, las muertes por sobredosis de opiáceos en el código postal 90013 (Skid Row) en 2022 fueron las más altas del condado, sin embargo, en sobredosis asistidas en urgencias hospitalarias está por debajo de otras zonas. El incremento es sustancial e indica que Skid Row se ha convertido en muy poco tiempo en la zona con más fallecimientos por sobredosis por opiáceos sea en génerico o específicamente por fentanilo. El incremento es en tan sólo tres años y puede responder a una recolección diferente de los datos por parte del Condado o a la realidad que mediáticamente se anuncia como la llegada del fentanilo y la crisis de los opiáceos a las calles del centro de Los Ángeles.

Para comprender estas cifras es esencial entender todo el contexto que ha llevado a que hoy el fallecimiento por sobredosis de opiáceos sea la primera causa de muerte accidental en EEUU con un incremento entre 2015 y 2020 de un 75%. En 2017 Trump declaró la emergencia nacional por esta crisis y su gestión cuesta aproximadamente $78 billones anualmente en justicia penal y atención médica.

Pero no se llegó a esta situación de forma sobrevenida. A finales de los años ochenta Purdue Pharma de la dinastía Sackler inventó Oxicontin, un opiáceo recetado para dolores musculares que generó más de 35 billones de dólares en beneficios. El rol del prescriptor farmacéutico, así como el sistema de recompensa financiera a los hospitales con mejor tratamiento del dolor fue clave para convencer y enrolar a miles de médicos a recetar este medicamento prometiendo que los efectos secundarios serían mínimos. Se empezó a usar para tratar el dolor de espalda o la artritis pero en 1 de cada 4 pacientes generó adicción al producir no solo alivio del dolor sino también euforia. Desde su introducción en el mercado en 1989, Oxicontin ha llevado al fallecimiento de más de 445.000 personas en Estados Unidos.

Entre las mujeres que viven en la calle o en albergues y que he podido conocer haciendo voluntariado en el Downtown Women Center, María me explica cómo una vez, después de una operación, le recetaron Oxicontin. Ella, al ver la larga cola de personas nerviosas, casi histéricas, pidiendo extender la prescripción, se marchó del lugar; prefería soportar el dolor que caer en la adicción. Lucía, que duerme en el Night Mission Shelter de Skid Row me explica cómo, al caerse tanto en el autobús, se fracturó la cadera. Su médico le recetó una caja entera de pastillas, pero ella se las devolvió, no quería acabar adicta como la gente que ve en la calle; prefirió tomar vitaminas.

Entre 1991 y 2012, las tasas de prescripción de opioides se triplicaron con 255 millones de recetas dispensadas, a una tasa de 81 recetas por cada 100 personas. Desde 2012, las tasas nacionales han disminuido lentamente hasta 43 por 100 personas en 2020.

En la comisaría de la LAPD Central el detective Mike Chan de la unidad de falsificaciones (counterfeit) me habla de la falsificación de medicamentos, en especial opiáceos, en la que los traficantes añaden fentanilo para hacer las dosis más potentes. Se venden a un precio similar al real, “nadie quiere tomar medicamentos que no sean efectivos” especifica, “pero creen que al comprarlos por internet los están importando de otros países donde son más baratos”. Lo que desconocen es que están mezclados con fentanilo, en especial el Oxicontin y el Xanax, así como varias formas de antidepresivos y medicamentos para el dolor muscular.

En la entrevista que tuve la oportunidad de hacer a Deon Joseph, Senior Lead Officer referente del barrio de Skid Row y que ha patrullado en esas calles por más de veinte años, él me da su visión sobre el fentanilo y el mercado de la droga en Skid Row. Me explica que la disposición geográfica de Los Ángeles convierte la ciudad en un dispensario único, pero que además la concentración de personas viviendo en la calle con problemas de adicción convierte Skid Row en el punto de demanda más accesible. “Los cárteles tienen aquí una clientela fácil” me describe, mientras añade que en Skid Row tienen a dos grupos organizados distintos: los Crips y los Bloods.

Esas son las pandillas afroamericanas, y controlan el área de Skid Row. Por supuesto, no permiten que los miembros de pandillas hispanas operen directamente, pero obtienen las drogas de los miembros hispanos para venderlas y se llevan una parte. Lo que sucede es que los Bloods y los Crips, que son rivales odiados, literalmente trabajan juntos y se reparten el territorio.“Toman parques, bloques residenciales y hoteles de apoyo social y comienzan a repartir el territorio y venderlo” detalla.

“Antes, solo teníamos heroína, marihuana y crack. Luego llegaron la metanfetamina y otras drogas. Lo que todos temíamos era el fentanilo”. Me explica que el fentanilo se está usando como corte, para mezclar con todo tipo de drogas para cuadriplicar su efecto. “Encontramos rastros de fentanilo en la cocaína, en la heroína, incluso en pastillas prensadas, hasta en la marihuana. Sobre su posibilidad de mezclarse con la marihuana, comprendo la visión de Deon, pero debo hacer una incisión para especificar que he hallado múltiples informes científicos resumen que quemar el fentanilo con llama anula la sustancia. Es posible que haya cierta confusión con la sustancia K2, comúnmente llamada marihuana sintética y que puede causar una serie de problemas de salud, como convulsiones, psicosis, daño renal o incluso la muerte.

«El fentanilo se usa para mezclar porque quieren proporcionar un subidón más poderoso a otras drogas en el mercado por menor precio. Y es a eso a lo que la gente va, ese subidón poderoso. Pero no saben, ni les importa, que les va a matar nueve de cada diez veces”. Insiste Deon. Además, los efectos no duran mucho y generan un mayor deseo. “Y ahí está el truco” dice Deon. “Dura tan poco tiempo que pasas el resto de tus días y noches queriendo más y más. Si tenías un buen trabajo, ya no lo tendrás. Si tenías una familia, la vas a romper. Toda tu vida girará en torno a las drogas. ¿Recuerdas la cocaína en crack de los años 80? ¿Por qué era tan poderosa? Porque era demasiado caro vender cocaína en polvo. Era muy potente, pero demasiado cara. No obtenían muchos beneficios, así que la hervían en una olla y le ponían bicarbonato de sodio y se convertía en una bola. Y la secabas. Y lo que hace el bicarbonato de sodio es neutralizar la acidez que queda en tu sistema. Así que pasas de un subidón de tres horas y una bajada fácil a un subidón muy poderoso de 15 minutos en cinco a siete segundos. Al igual que cuando ingieres fentanilo, funciona así. Y es por eso que la gente lo quiere. Quieren ese subidón rápido. Y cuando caes, caes tan duro que, si sobrevives, pasarás el resto de tus días deseando más. Y ahora está en todas partes”.

Le pregunto sobre el vídeo de un policía que queda incapacitado al entrar en contacto con fentanilo. Me explica que él ha dado formación en los briefings (roll calls) sobre las verdades y los mitos del fentanilo. “Algunas personas piensan que si lo tocan, van a morir. No es así. Pero si accidentalmente lo inhalas o si tienes una herida abierta que en contacto con el fentanilo puede hacer que este entre en el torrente sanguíneo, entonces es cuando estás en peligro”. me explica.

Deon describe como el efecto es impredecible “uno nunca sabe si esa dosis le va a matar o no”. Afortunadamente, en la central son muchos los oficiales y bomberos con Narcan. Es un spray nasal con naloxona, un antídoto que revierte una sobredosis de opioides de la misma manera que un EpiPen (autoinyector de epinefrina) revierte una reacción alérgica. La naloxona actúa como puente entre la llamada al 911 y la llegada de los servicios. Es una estrategia clave recomendada por los CDC y organizaciones estatales y federales para abordar la crisis de los opiáceos.

Se puede aplicar en spray nasal (cualquier ciudadano) o en inyección intramuscular en los hombros y muslos (servicios médicos de emergencia). “A veces la dosis que han consumido es tan fuerte que llegas a necesitar dos o tres viales de Narcan para reanimar a alguien. Muchas veces llegamos demasiado tarde. Creo que este año tuvimos 148 personas que murieron por sobredosis de fentanilo en Skid Row”. También la dosis puede ser tan potente que sus efectos duran más que el efecto de la Naloxona y pasada una hora se repita la sobredosis al dejar de hacer efecto el antídoto.

En 2022, el condado de los Ángeles repartió 100.000 unidades de Narcan para revertir las sobredosis. Se puede obtener en entidades y centros especializados.

Estudios han demostrado que la disponibilidad de naloxona se asocia con una disminución en el uso indebido de opioides en áreas donde se utiliza comúnmente. No genera efectos secundarios si la persona no ha consumido drogas y no genera adicción. Menos del 3% de los casos muestran comportamientos violentos al reanimarse. Las áreas con distribución de naloxona han visto tasas más altas de individuos que buscan tratamiento después de ser rescatados con Narcan.

En Skid Row se están llevando a cabo esfuerzos por parte de servicios y entidades, como el equipo móvil de respuesta a sobredosis gestionado por Homeless Health Care Los Ángeles. Este equipo opera diariamente de 9 a. m. a 3 p. m., siguiendo una ruta por Skid Row y el centro de Los Ángeles, donde se sabe que las sobredosis ocurren con frecuencia. Utilizan naloxona y tanques de oxígeno para intentar revertir las sobredosis. El oxígeno ha sido un cambio para estabilizar a las personas más rápido, abordar una variedad de amenazas relacionadas con las drogas y proteger el cerebro de un daño permanente.

En Los Ángeles no hay salas de consumo supervisado. Hay petición para que se permitan y la gente no muera en las calles o en los pisos residenciales, ya que las principales medidas preventivas consisten en que las personas puedan consumir acompañadas, conociendo exactamente qué tipo de drogas están introduciendo en su cuerpo.

La opinión de los distintos servicios es muy polarizada: Entrevisté a Sarah Rubinstein, de Home4good, responsable de políticas públicas y coordinadora de múltiples proyectos en la ciudad. Estaba especialmente interesada en el modelo existente en Barcelona y planteándose como se podría trazar en LA.

La opinión de oficiales de policía cómo Deon, sin embargo, ponen el interrogante ya que, siguiendo la ley, poseer o consumir estas sustancias es ilegal y estos centros no quieren a la policía en los alrededores, hecho que genera que sean zonas atractivas para las mafias que trafican con esas sustancias al hallar cerca de estos centros un punto de venta casi asegurado. Para él, las tiendas de campaña, los WC portátiles, todo aquello que está oculto a la vista es un lugar privado de difícil acceso por la policía donde ocurren sobredosis, muertes violentas y agresiones graves vinculadas al tráfico de drogas.

Según algunas mujeres que he conocido en el Downtown Women Center, no debe haber consumo de drogas en las instalaciones de acceso libre como los centros de día porque dificulta la evolución de aquellas que quieren salir de esa realidad.

Encontrar el equilibrio es difícil, y de ello hablaré extensamente en otro post a partir de las visiones de los distintos servicios entrevistados.

Keefe, P. R. (2021). Empire of pain: the secret history of the Sackler dynasty. First edition. New York, Doubleday.

Patel, S., Sheikh, A., Nazir, N., Monro, S., & Anwar, A. (2020). The Opioid Crisis: How to Lessen the Burden on Emergency Departments by At-risk Populations. Cureus, 12(11), e11498.

1 comentario

Deja un comentario