El districto de las artes (Art’s District de Los Ángeles) hace frontera con Skid Row en S Alameda Street. En 2012, en pleno bullicio de revitalización urbana «cultural» del centro de Los Ángeles, las naves industriales que eran antiguos lofts para artistas alternativos se reconvertieron en galerías de arte, tiendas de ropa de diseño, y pisos lujosos.
Para quienes conozcan la historia del barrio de DUMBO, en Brooklyn; o del Poble Nou, en Barcelona este es un calco de tantos otros barrios postindustriales reconvertidos en fábricas de cerveza artesanal, rocódromos, cafeterías, espacios de coworking tecnológico y centros de yoga.

Un artículo de The economist 2013 defendía que los BID estimulan el desarrollo económico al proporcionar bienes y servicios que las ciudades, por eficiencia y compensación territorial, no pueden. investigaciones académicas, por otro lado, apuntaban que estos BID dan forma a los espacios públicos y sus servicios para servir a intereses privados que desplaza a las pequeñas empresas y favorece en gran medida a los propietarios de grandes compañías en detrimento de los pequeños negocios existentes. La revalorización, positiva en imagen y atracción de capital, conduce a alquileres inasequibles para residentes con hogar y una expulsión del espacio público de aquellos que se hallan sin hogar.
Pero lo que me ha llevado a querer conocer mejor este barrio ahora ya exclusivo es su frontera con Skid Row y la relación de su comunidad con sus vecinos sin hogar. Es por ello que me he entrevistado con Miguel Vargas, director ejecutivo de Arts District LA Businness Improvement District (ADLABID).
Crear un Distrito de Mejora Comercial (BID) en los Estados Unidos generalmente sigue tres pasos. Primero, los negocios locales piden al gobierno que lo haga. Segundo, el gobierno verifica si la mayoría de los negocios está de acuerdo. Tercero, el gobierno crea oficialmente el BID con una ley para su aplicación dado que suele conllevar la creación de equipos de espacio público que refuerzan la seguridad y convivencia así como equipos de limpieza y jardinería exclusivos del distrito. Este tipo de iniciativa, creadas en la década de los setenta en plena revitalización urbana (back to the city movement), llegó a Los Ángeles en 2012 cuando en Downtown se revitaliza y es Miguel Vargas el enlace con el gobierno local antes de la creación del BID, presidente una vez creado.
En nuestra charla, en una brewery del distrito, me explica cómo el barrio ha cambiado en algo más de una década. Al inicio hubo oposición al cambio, algunos vecinos históricos, antiguos artistas se resistían a perder la genuinidad, la autenticidad del lugar en el que vivían. «Había muchas personas sin hogar entonces, cerca del río, había mucha suciedad, este distrito estaba abandonado y era el contenedor de la ciudad», me explica detenidamente mientras comenta que las fábricas quedaron vacías cuando las empresas se trasladaron a otros países con mano de obra más económica.
Fue en 2012 cuando distintos empresarios solicitaron crear un BID, suceso que cambiaría el porvenir del distrito. «Ahora ya no hay personas aquí durmiendo en la calle», le pregunto que porqué no las hay aquí (Arts District) y sí en Skid Row, a lo que responde que allí las entidades han denunciado actividades como la retirada de tiendas de campaña y enseres. «¿Aquí no ocurre, como es que en Skid Row hay una realidad y aquí es otra ciudad distinta?» le pregunto. Miguel me habla sobre sus equipos de seguridad, que van en bicicleta y responden a las llamadas e emails de los comerciantes y vecinos.

«Lo hacemos con agua y miel», responde. Con esta expresión Miguel Vargas me da a entender que sus equipos negocian con las personas que viven en la calle para que en lugar de dormir en el Arts District, lo hagan en otro lugar. Es evidente que la presión que mantiene compartimentado Skid Row de hace décadas crea realidades opuestas, polarizadas, a escasos cientos de metros de distancia. Las calles son las fronteras invisibles de realidades tan dispares.
«Este problema (el sinhogarismo) no se puede resolver» apunta Vargas. «Se puede mejorar poco a poco pero no resolver. Skid Row ha sido el epicentro durante más de cien años, el problema fue en 2012, cuando los nuevos vecinos del barrio, que no eran nativos de L.A, querían que esa realidad no existiera, pero los homeless estaban aquí antes que ellos, este era su hogar», añade.
Nos despedimos hablando sobre el futuro de la ciudad, el futuro de Skid Row, a lo que reconoce que cada ciudad, cada barrio debería hacerse responsable de su gente, sin «enviar» a todas las personas en situación de sinhogarismo a Skid Row. «Pero, ¿quien quiere eso?, en los councils, en los board meetings, nadie lo va aceptar, todos piden que sus aceras estén limpias».