Ayer contacté a Yasmin Canli directora, productora y actriz de «My home unknown», película que relata el camino de una mujer artista que sufre esquizofrenia y vive en la calle con su perro, un relato ficticio que en primera persona nos lleva a mirar de frente una realidad dura y difícil de ver. Nos muestra con un lenguaje cercano e incluso en ocasiones casi inocente, la vida de una mujer que traviesa por múltiples dificultades antes de la calle y una vez en ella.
El visionado privado ha sido en el Downtown Women Center (DWC) de Skid Row, centro que se inició en 1978 por Jill Harverson, trabajadora social de contacto de calle y que hoy en día sigue siendo el único centro de día de baja exigencia exclusivo para mujeres, la única clínica para mujeres y un Centro de Recuperación del Trauma (CRT), creado en 2015 en colaboración con Peace Over Violence y con financiamiento de la Junta de Compensación a Víctimas de California.
El visionado ha abierto un debate muy enriquecedor entre las creadoras del film, algunas trabajadoras sociales de DWC y Lilly, una mujer que acude al DWC y vive en Skid Row. Ha sido especialmente emotivo cómo al finalizar, con una gran sonrisa Lilly ha pedido que quería poder compartir el film con su familia, con sus amistades y su gente de Skid Row. «Es el relato de esta mujer pero en realidad es lo que hemos vivido muchas, diferente pero igual a la vez» ha compartido con el grupo de mujeres que estábamos visionando el film.
En cada dificultad que atraviesa Mina, la protagonista del film, he podido ver a las mujeres con las que he coincidido en Ciutat Vella. A S., que tenía esquizofrenia y pintaba sin parar; a R., que nunca aceptaba la ayuda que los trabajadores incansables del SASSEP le ofrecían; a F., que perdió un tiempo a su perro y fue entonces cuando empezó su infierno; a P., que intercambiaba su sexo por drogas, a menudo abusada, golpeada. «Es sobrecogedor ver cómo, a tantos kilómetros de distancia la realidad de una mujer en la calle es tan parecida, es preocupante porque significa que hay patrones repetitivos y crueles que una mujer vive en la calle sólo por el hecho de ser mujer» he compartido con el grupo.
«Este relato pretende cruzar la línea, que cualquier persona cuando vea a alguien viviendo en la calle entienda que hay una historia detrás, una vida detrás» explica Yaz Canli, la directora/actriz/productora. Es la despersonalización y objetización de la pobreza, del desconocido, del extraño, que da miedo, que aislamos y separamos en una barrera invisible. Cuando se traspasa y conoces las vidas, quienes son, qué han vivido, una vez les conoces quieres ayudar, no hay vuelta atrás.
«Es un film que pretende llevar a la acción, enseñar aquello que nadie quiere ver y mostrar la vida de Mina pero también la de las personas que viven en su entorno de apoyo» defiende Diane Foster, actriz y productora de la película. Por cada persona que vive en la calle hay todo un entorno, previo y presente.
«Qué pasa al final?» Es la primera pregunta que hace Lily al acabar el visionado. «Sólo espero que tenga perro y supere todo lo vivido. Dejé mi relación tóxica, ahora tengo un perro aquí y no necesito ningún hombre. Sitios como éste (DWC) son necesarios, te hacen ponerte las pilas y querer superar tu realidad». Mantener un tratamiento, conseguir un hogar y mantenerlo difícil sin un apoyo emocional que ayude a la transición después de tantos años en la calle.
Antes de despedirnos, Lily baja un momento y vuelve a subir con el ascensor. Se abren las puertas, ha traído a su perro para presentárnoslo.