Aborto sin hogar

Ayer, 24 de junio de 2023, se hizo pública la resolución del Tribunal Supremo de EEUU de revocar la sentencia de 1973 Roe vs. Wade. Un retroceso en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres que tiene implicaciones mucho más allá de la política. He leído varios artículos en los que se hablan de división de ideologías, de fragmentación y polarización. Lo que me estremece y preocupa es que esta medida tiene repercusiones innegablemente peligrosas en las mujeres, en especial las más jóvenes, las que están en situación irregular y las que no disponen de sustento económico ni red de apoyo.

Las mujeres jóvenes que viven en la calle o en infraviviendas tienen cinco veces más probabilidades de vivir un embarazo no deseado que las que disponen de un hogar. Aunque hay pocos estudios sobre la materia, los existentes parecen coincidir en que el uso de anticonceptivos cuando tienen relaciones sexuales de supervivencia es inconsistente o nulo, lo que podría contribuir a un ciclo de embarazos repetidos. Muchas se quedan embarazadas de sus parejas, con las que conviven.  En otras tantas, el sexo como forma de supervivencia es una de las causas del embarazo, como también lo son los abusos y agresiones sexuales múltiples.

Más allá de las causas del embarazo, lo relevante en las mujeres que viven en la calle, entre pisos de consumo, es que, en su caso, el aborto tiene aún más dificultades que en el resto de mujeres a las que ya, en países en los que está prohibido, se ven volcadas a métodos alternativos tremendamente peligrosos. Sin red de apoyo ni un hogar, las mujeres con mayores exclusiones sociales son las que se exponen a mayor riesgo vital. Porque la prohibición del aborto no impide que hayan menos intervenciones para interrumpir el embarazo, sino que estas sean tremendamente más peligrosas. En especial entre las mujeres que no tienen recursos para pagar el procedimiento o cambiar de país o ciudad a aquellas en las que está legalizado y es de acceso universal2.

Si no tienen una red de servicios a su alcance, el embarazo no deseado puede llevar a un incremento de sus conductas de riesgo. Puede que consuman drogas de forma más intensa, que frecuenten en mayor medida los lugares en los que son víctimas de abusos y otras violencias sexuales. Ante una realidad que no desean, el aborto es una respuesta muy común. En los países en los que es legal, las condiciones son más seguras para las mujeres. La prohibición del aborto sitúa a las mujeres con menos recursos en una desprotección y las empuja a formas de interrupción del embarazo severamente peligrosas, sin apoyo médico. En consecuencia, los abortos autoinducidos pueden darse mediante tácticas alternativas como el abuso físico planificado, el consumo de sustancias múltiples, el uso de perchas, ingiriendo lejía y otras formas innegablemente peligrosas y que plantean graves riesgos, si no la muerte. Poder acceder a la atención de la salud reproductiva es básico en los derechos de cualquier mujer, no es un privilegio para aquellas con capacidad para moverse a países o estados en los que el aborto es legal.

Poder acceder a la atención de la salud reproductiva es básico en los derechos de cualquier mujer, no es un privilegio para aquellas con capacidad para moverse a países o estados en los que el aborto es legal. Incluso aunque sea legal, la universalidad es un factor esencial ya que, en caso de solicitar un padrón o una dirección para poder acceder a los servicios médicos especializados como es ginecología y atención a la salud reproductiva de la mujer,  las que viven en la calle quedarían, de nuevo, en la sombra. Para ellas son esenciales los servicios de salud sexual gratuitos y a su alcance que no pongan impedimentos en el acceso.

De hecho, la Ley española de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo prevé el acceso universal a clínicas de planificación de la reproducción para prevenir, especialmente en personas jóvenes, las infecciones de transmisión sexual, los embarazos no deseados y los abortos. Las ciudades con servicios destinados a la población sin hogar (principalmente Barcelona y Madrid) tienen equipos que se encargan de contactar con ellas y vincularlas a la atención médica. Una atención médica que, como especialidad, tiene listas de espera y plazos en las pruebas ginecológicas. Ellas, sin embargo, fluctúan entre múltiples formas de vivienda: en la calle, en portales, en pisos de conocidos… o con parejas en las que se aíslan del mundo. Lo que complica que las encuentren, puedan hablar con ellas y conseguir que accedan a visitarse. Pero, al menos, estos servicios existen.

1 Tyler, K. A., Whitbeck, L. B., Hoyt, D. R., & Cauce, A. M. (2004). Risk factors for sexual victimization among male and female homeless and runaway youth. Journal of interpersonal violence19(5), 503–520. https://doi.org/10.1177/0886260504262961

2 Smid, M., Bourgois, P., & Auerswald, C. L. (2010). The challenge of pregnancy among homeless youth: reclaiming a lost opportunity. Journal of health care for the poor and underserved21(2 Suppl), 140–156. https://doi.org/10.1353/hpu.0.0318

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