These streets are going to kill you

Quisiera poder escribir en 250 caracteres un resumen de la complejidad de la vida en la calle, pero no es posible. He estado los últimos tres años leyendo, investigando, escribiendo y analizando los caminos que llevan a una persona a acabar viviendo en la calle, así como su asistencia o su expulsión en nuestras ciudades.

Podría inundar este post con datos, explicando que en los últimos diez años el número de personas durmiendo en las calles de Barcelona ha aumentado un 81%, en Londres un 115% o en París un 97%. Podría también explicar que el 70% de jóvenes que viven en la calle han sufrido abusos en sus familias; que el 81% consumen alcohol, marihuana o otras drogas; o que ocho de cada diez jóvenes que viven en la calle han tenido ideas suicidas.

Pero prefiero hablar de cómo, a medida que vivir en la calle pasa de un hecho puntual a ser una situación habitual indefinida en el tiempo, los problemas de salud mental pasan a ser inevitables. La falta de sueño y la inseguridad son, entonces, determinantes para el incremento de la ansiedad, la depresión o la aparición de psicopatías.

En muchas ocasiones se habla de «elección de vida» o que las personas que están viviendo en la calle muchas veces «no quieren ayuda». Si sumamos a los problemas de salud mental (inherentes o derivados de la vida en calle) el trauma (vivido en el pasado o fruto de la agresividad de la calle) es probable que el consumo de sustancias entre en la ecuación como mecanismo para regular los estados anímicos o para olvidar el trauma.

Todo lo anterior conlleva una perdida de vínculos sociales estables hacia un aislamiento y conducta antisocial. Este aislamiento puede ser con uno mismo o en la red de contactos que la calle provee.

En el caso de las mujeres, las leyes de la calle son masculinas y esta red puede componerse de una pareja dominante, abusiva, pero de la que ella depende como forma de protección. Cuando hay adicciones, esta pareja es, a su vez, su proveedor de sustancias.

Ser mujer y vivir en la calle multiplica por ocho la posibilidad de ser violada, abusada sexualmente o que intercambie drogas por sexo. De modo que a la posible victimización por delitos de odio como se ha denominado la aporofobia, debemos sumar otros tipos de abusos y agresiones sexuales, la trata de seres o la explotación sexual. En mi experiencia en Ciutat Vella he conocido a chicas jóvenes que vivían en la calle y que eran víctimas de abusos continuados.

Pero, ¿qué salida tienen estas personas? ¿qué tipo de asistencia se les da? La burocratización de los servicios socialesha llevado a una economización de los recursos y ha permitido asentar la hipótesis que la exclusión laboral y residencial es el principal foco del sinhogarismo.

Ello conlleva que las administraciones sitúen sus esfuerzos en la promoción de residencias sociales. Sin embargo, las personas de las que hablamos y que llevan más de dos años en calle es muy probable que requieran de servicios especializados con apoyo en salud mental o adicciones, y sin requisitos de acceso. Aquello que en Estados Unidos se denomina «Wet Shelter» pero que aquí no disponemos de suficientes centros ni plazas.

Este desajuste conlleva que la atención en calle sea limitada a la franja diurna sin espacios de pernoctación. Cuando la ciudadanía pide intervención, entonces, no llama a los servicios sociales. Llama a la policía. Y la policía se halla interviniendo continuadamente con personas con necesidades muy complejas que necesitan de ayuda socio-sanitaria.

Las medidas empleadas hasta día de hoy se caracterizan por la expulsión del espacio público al no disponer de recursos sociales y sanitarios ad-hoc. Hecho que no sólo es criticado por las Naciones Unidas y por la Unión Europea; si no que pone a la policía en un espacio de difícil gestión: sola ante un problema social que no tiene solución policial.

Es necesario empezar a abrir el foco y comprender que para ayudar a las personas en situación permanente en calle es necesario definir recursos que se ajusten a sus necesidades, y dotar a las ciudades de equipos preparados y capacitados en el acompañamiento de estos perfiles tan complejos; en lugar de desentenderse por falta de recursos y culpar a la policia luego.

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