#Icantbreathe

Desde que vi las imágenes de George Floyd hay mil mensajes en mi cabeza tratando de encontrar su orden. No voy a hablar de la intervención en sí porque las imágenes lo hacen por sí solas. Voy a hablar del sin sentido que supone que a 2020 estas sigan ocurriendo, y voy a ponerlas en contexto para comprender cómo en Estados Unidos no es un hecho aislado, si no que el origen de un ciudadano o el color de su piel son elementos diferenciales en la forma en el que el sistema le trata.

La muerte de George Floyd ha supuesto la gota que colma el vaso en Estados Unidos. Si la absolución de George Zimmerman por la muerte del adolescente Trayvon Martin en 2013 fue origen de las primeras revueltas masivas en Ferguson y Nueva York; la muerte de Freddie Gray en 2015 en Baltimore acentuó la fractura. En ambos casos los hechos no sólo sucedieron en ciudades postindustriales especialmente castigadas por la crisis, si no que para la sociedad constituyó una evidencia de la gestión sistémica desde un prisma marcadamente racial.

Para comprenderlo es necesario leer las sentencias de casos como el de Trevon Martin o el de Freddie Gray. En el primer caso tras una investigación criminal no se hallaron suficientes pruebas y se archivó el caso:

 La investigación federal buscó determinar si la evidencia de los eventos que condujeron a la muerte de Martin fue suficiente para probar, más allá de toda duda razonable, que las acciones de Zimmerman violaron los estatutos penales federales de derechos civiles, específicamente la Sección 3631 del Título 42 del Código de los Estados Unidos o la Sección 249 de Título 18 del Código de los EE. UU., Así como otros estatutos penales federales relevantes. La Sección 3631 penaliza el uso intencional de la fuerza o la amenaza e intimidación de una persona debido a su raza o color. La Sección 249 criminaliza causar lesiones intencionadamente a una persona debido a su raza o color.

Después de una investigación exhaustiva e independiente sobre los hechos que rodearon el tiroteo, los investigadores federales determinaron que no hay pruebas suficientes para probar más allá de una duda razonable una violación de estos estatutos. En consecuencia, la investigación de este incidente ha sido archivada: «Aunque el departamento ha determinado que este asunto no puede ser procesado federalmente, es importante recordar que este incidente resultó en la trágica pérdida de la vida de un adolescente»

United States Department of Justice – February 24, 2015

En el caso de Freddie Gray, la resolución fue exactamente la misma. Analiza todas las pruebas y declaraciones médicas y forenses para determinar que:

Después de una extensa revisión de este trágico evento, realizado por fiscales e investigadores de carrera, el Departamento de Justicia concluyó que la evidencia es insuficiente para probar más allá de una duda razonable que el Oficial Caesar Goodson, el Oficial William Porter, el Oficial Garrett Miller, el Oficial Edward Nero, el Teniente Brian Rice o la sargento Alicia White violaron intencionalmente los derechos civiles de Gray. En consecuencia, la investigación de este incidente se ha cerrado sin enjuiciamiento.

En este caso, la Oficina del Fiscal de los Estados Unidos del Distrito de Maryland, la División de Derechos Civiles y el FBI dedicaron un tiempo y recursos significativos a investigar las circunstancias que rodearon la muerte de Gray y completar un análisis exhaustivo de la evidencia reunida. El Departamento de Justicia sigue comprometido a investigar las denuncias de uso excesivo de la fuerza por parte de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y continuará dedicando los recursos necesarios para garantizar que se examinen a fondo todas las denuncias graves de violaciones de los derechos civiles.

United States Department of Justice – September 12, 2017

En Estados Unidos, las investigaciones sobre casos en los que la reducción de personas mediante el uso de la fuerza ha resultado en la muerte tratan de dirimir la responsabilidad del agente no solo en la aplicación de técnicas prohibidas (control del cuello) o la voluntad de causar daño (que es lo que establecerá la acusación de homicidio en segundo o tercer grado) si no que también se intentan esclarecer si la aplicación de esta fuerza se ha iniciado por una intervención policial en la que el criterio de origen es el origen racial.

Por ello, resulta esencial conocer y comprender prácticas policiales como el Stop and Frisk que es la aplicación operativa de los resultados aportados por los modelos desarrollados en la última década centrados en la tecnología como el Predictive Policing. Este modelo consiste en la obtención, a partir de las bases de datos policiales y mediante algoritmos, de tendencias de sucesos. Así, aquello que se ha introducido en el sistema es clave para saber qué sucederá, donde, y por quién. Nos encontramos con múltiples críticas no al modelo Predictive, si no a estas bases de datos dado que, si se cumplimentan con los datos de los barrios más vulnerables y con mayor densidad de población migrante o afroamericana, es allí donde la ratio de futuros sucesos será más elevada.

El Stop and Frisk consiste en aplicar el algoritmo predictivo para centrar los efectivos en aquellos puntos (HotSpots) dónde se ordena identificar y cachear a los posibles futuros infractores. Una evolución del Broken Windows más liberal que da, de por si, un enfoque racial a través de la tecnología; incluso poniendo en cuestión los derechos que otorga la Cuarta Enmienda. Hay múltiples artículos que vinculan las muertes recientes de personas afroamericanas a este tipo de prácticas.

Es entonces cuando la acción de un agente, repetida en el tiempo y en distintas ciudades se transforma en la imagen de un colectivo. Si aquí con solo un suceso se equipara a toda la policía con un solo hecho, allí la realidad se magnifica dado el contexto histórico y modelos de intervención policial como el Stop and Frisk. Allí, la delgada línea azul (Thin Blue Line) acaba separando más a la policía de la sociedad. De ahí el blacklivesmatter, el bluelivesmatter y el alllivesmatter.

Esta crisis de sistema está llevando por un lado, al discurso incendiario y a la fractura social que viene acrecentándose desde hace años. Para unos, la llamada «revuelta» está dando situaciones de violencia en las calles en las que de nuevo, los comerciantes y las personas de a pié son las más afectadas. Para otros, todo este suceso en el contexto Post-Covid es una estrategia encubierta para que de estos altercados se derive una pérdida de derechos dado que muchas ciudades han decretado el estado de sitio y el toque de queda.

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