Confinado sin casa

En el momento en que saltó la emergencia del COVID-19 en España y se decretó estado de alerta proliferaron en las redes mensajes como #yomequedoencasa o #staythefuckhome.

Nada más leer este lema, lo primero que me vino a la cabeza fue: y quién no tiene, ¿dónde irá? es más, dónde irá en una ciudad como Barcelona, donde el centro de urgencias y emergencias sociales está saturado y sus equipos desbordados? En una ciudad donde los centros de primera acogida (albergues de una noche) llenan todas sus plazas cada noche?

La siguiente duda fue la que hace años que me planteo y que fue uno de los ejes de mi tesis doctoral: En caso de emergencia, la población que vive en la calle recibe el mismo tratamiento que la población general, que tiene hogar? O una vez más se demuestra que el derecho a la vida, a la intimidad, al acceso a la sanidad, a una vivienda o mínimo un techo bajo el que dormir, sí que entiende de diferencias sociales?

En ciudades como Barcelona sólo en caso de ola de frío se habilitan plazas extra en el centro de urgencias y emergencias sociales para las personas que duermen en la calle. En París hace tiempo que comprendieron que la ola de calor es bastante más mortal que el frío, y amplían los recursos también en verano. En Nueva York van un paso más allá y sus Outreach Teams (equipos de contacto de calle) forman parte de los equipos de coordinación de emergencias.

El Covid-19 está suponiendo un antes y un después para todos, pero también puede ser una ventana de oportunidad para que Barcelona, como ciudad inclusiva, replantee la asistencia a las personas que viven en la calle en las situaciones de emergencia. Parece ser que una semana después del confinamiento la ciudad está mostrando resiliencia en este aspecto y luchando por hallar soluciones.

Lo anterior pasa por una mejor comprensión de las necesidades de quién lleva tiempo en la calle, y estas pueden llegar a ser muy complejas. Por ese motivo, no basta con ofrecer asistencia o trasladar a recursos de emergencia sino que es necesario que estos recursos de emergencia incluyan servicios adjuntos transversales más allá de lo más básico (ropa, alimentos). Me refiero a apoyo en salud mental o en la atención a las drogodependencias.

Pero también pasa por un uso espacializado y coordinado de todos los servicios. Y con esto no me refiero únicamente a los servicios sociales. Me refiero a ampliar el trabajo en calle a la coordinación en caso de emergencia al tipo «Task Force» en el que equipos sanitarios, servicios sociales junto con policía y bomberos trabajan conjuntamente y a nivel operativo en la localización de las personas que presentan esta vulnerabilidad extrema para garantizar su atención.

Por último pero no menos importante, se debe incluir la perspectiva de género en la atención a las emergencias en la población que vive en la calle. Ser mujer en la calle es un estado de fragilidad y vulnerabilidad absoluta, a lo que ya dedidaré un post entero más adelante; pero en caso de emergencia aún supone mayor gravedad en especial en las medidas que se puedan establecer: muchas mujeres no van a los centros de primera acogida porque deben compartir los espacios de pernoctación con hombres. Como ampliaré en otro post, la calle es masculina, las instituciones deberían velar para que sus recursos asistenciales no lo sean también.

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