El miedo puede percibirse de muchas formas, hoy le llamamos inseguridad o incertidumbre. Sin embargo, el miedo es percepción y esta no siempre va acorde con los hechos.
El miedo tiene muchas formas de plasmarse, de dejarse ver. El miedo puede ser pánico en su sentido más estricto: así hemos visto el hurto de mascarillas en hospitales, donde hay pacientes crónicos que sí que las necesitan, las grandes aglomeraciones en supermercados cuando el gobierno desaconsejaba las multitudes, o las personas con bolsas de plástico en la cabeza así como las superventas de papel de váter en la última semana.
En algunos casos se han vivido situaciones más extremas, como en Hong Kong, dondetres hombres llegaron hasta el punto de robar a mano armada cientos de rollos de papel higiénico ante la inminente amenaza del coronavirus que se expandía desde Wuhan
Este miedo responde en todos los casos a un estímulo individual de preservar su propia seguridad, ante la angustia de un posible «corralito» o de una infección inminente. Este tipo de conductas nos generan inquietud y responden a la clásica histeria colectiva. De hecho, muchas reflexiones han tratado de explicar el porqué sobre el desabastecimiento de papel de celulosa en los grandes almacenes.
James Blake, director de “Emergency Food Storage», el mayor proveedor de productos alimenticios de emergencia en Europa, ha avisado a la gente para que se prepara frente a desastres naturales: «Estamos acabando con nuestros pedidos mensuales promedio en un solo día”, (…) “Nuestros productos tienen una vida útil de 25 años, por lo que la gente está preparándose para abastecerse”


Si retomamos el post sobre moral panic I, esta no es más que una respuesta parecida a la que se dio cuando Orson Welles falseó una invasión alienígena, y ocurre cuando no disponemos de la información necesaria para afrontar una amenaza que desconocemos sus efectos y resultados.
Muchos psicólogos sugieren que, escenas como la compra masiva de rollos de papel de váter son una demostración de comportamiento gregario”. Al preguntar a un comprador en Sídney, respondió: “ La única razón por la que yo lo he comprado es porque pensé que no podría encontrar ningún rollo”
Lo que me lleva a la siguiente reflexión: En la era de la sobreinformación, es paradójico que no dispongamos a nuestro alcance información contrastada y preventiva. ¿O si disponemos de ella pero no queremos hacer el esfuerzo de ir a buscarla? De este modo, de nuevo, sólo confiamos en los mensajes de nuestra pantalla de WhatsApp o nuestra red social más cercana. De nuevo, aquello apuntado en el post anterior se confirma y sólo así podemos entender cómo en lugar de confinarse la población ha entendido este estado de alarma como unas vacaciones de 15 días en la casa de la playa.

Sin embargo, hay un elemento que diferencia este miedo del que Welles originó. El miedo incorpora un factor de antagonismo social, de culpa al otro, al que no conocemos. Este es el Moral Panic de Bauman en Cegera Moral.

El único antídoto es el refuerzo de los vínculos sociales, el incentivo del Capital Social en la seguridad y las emergencias.