Vivimos en un nuevo ecosistema

 

Vivimos  en  un nuevo  ecosistema  de  la  seguridad  y  la  prevención.  El  mundo cambia constantemente y hoy la seguridad es un todo, debe entenderse en su sentido  holístico.

Hoy  la  seguridad  se  plasma  en  la  salud,  en  las infraestructuras,  en  la  economía,  en  el medio  ambiente, en  la  tecnología… ya no sólo depende de nuestra seguridad física y personal.

Los  riesgos  de esta  seguridad  son  glocales :  afectan  al  municipio  como  lugar donde las personas desempeñan su vida cotidiana, pero reciben influencias de cualquier parte del mundo.

Hoy a los  factores de riesgo naturales como las inundaciones o los terremotos debemos sumar una gran lista de riesgos provenientes de actividades humanas como  los  virus  químicos,  el  terrorismo,  los  ciberataques  o  los  accidentes  en espacios con multitudes de personas. Estas amenazas son múltiples y muchas de ellas están tan ramificadas que son difíciles de prever.

Hasta hace una década, la ciudadanía de nuestra democracia priorizó delegar la gestión  de  su  seguridad  y  su  estado  del  bienestar  completamente  en  sus líderes. Eso se aplicaba a que los países no informasen a su ciudadanía sobre posibles amenazas y riesgos por miedo a que cundiese el pánico.

Tras una crisis económica que ha puesto en duda la confianza y legitimidad del estado,  la  sociedad  ha  reclamado  ser más  partícipe  de  la  gestión  pública.  Se quiere tener capacidad de decisión en las políticas públicas, no sólo elegir a su gobierno  y  su  presidente,  se  quiere  decidir  sobre  sanidad,  educación, seguridad.

En esta línea, la sociedad pide y debe ser consciente de los riesgos con los que convive para poder estar preparada para hacerles frente.

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Vivimos  en  la  sociedad  del  riesgo,  en  una  época  llena  de  incertidumbre,  de amenazas y de cambios constantes. Para afrontar esta nueva era es necesario establecer mecanismos de gestión de la información y de la comunicación para prevenir y anticipar posibles crisis. Una sociedad consciente y preparada es un activo esencial en la gestión de las emergencias.

Las ciudades son el entorno más próximo al desarrollo de la vida cotidiana de las personas. Las ciudades se están transformando, se espera que para 20305, 6 de cada 10 personas en el mundo viva en las ciudades. Es por tanto un reto fundamental asegurar la seguridad de las ciudades promoviendo su capacidad de resiliencia a las crisis y emergencias que estas puedan vivir.

Actualmente nos encontramos en una era de incertidumbre. El mundo ha vivido muchos  cambios  en  poco más  de  una  década,  y  la  necesidad  de  gobiernos  y ciudadanía  se  centra  en  descubrir  que  está  por  venir  y  preparase  para  el cambio.

En  un  paso  para  acercarse  a  esta  realidad, la  ley  española  17/2015,  de  9  de julio,  del  Sistema  Nacional  de  Protección  Civil  pone  un  énfasis  especial  en potenciar  el  conocimiento  sobre  los  riesgos  como  medio  para  preverlos  y anticiparse a sus consecuencias dañosas.

Es más, la Estrategia de Seguridad Nacional española 2013 sitúa el objetivo de los  mecanismos  de  inteligencia  en  dar  respuesta  a  las  necesidades  de  las personas en su entorno cotidiano, y eso pasa por las ciudades y los organismos locales.  La  prevención  de  todo  aquello  que  pueda  poner  en  peligro  el  libre transcurso  de  esta  cotidianeidad  pasa  a  ser  un  objetivo  básico  de  estas estrategias.

Sin  embargo,  el  prisma  de  trabajo  actual  se  concentra  en  la prevención de riesgos  genéricos  (muchos  de  ellos  relacionados  históricamente  con  la protección  civil:  incendios,  riesgo  químico,  inundaciones,  viento,  etc.)  y  en  la mejora para la intervención eficaz en las emergencias de ésta índole.

Si bien es cierto que el predictive policing una herramienta útil para hacer los  recursos  disponibles  más  efectivos,  ha  demostrado  serios  inconvenientes cuando  no  se  contrasta  con  el  enfoque  cualitativo  de  un  analista  de  riesgos experimentado. Las bases de datos no son aún una fuente 100% fidedigna.

Hoy en día la visión del analista aún es esencial, dado que aporta la inteligencia desde  la  proximidad. Para poder anticipar posibles crisis es necesario tener un nivel alto de proximidad con la ciudadanía, conocer las vulnerabilidades de la ciudad y sus colectivos para tratarlas a priori.

Según  la  ley  española  17/2015,  de  9  de  julio,  del  Sistema  Nacional  de Protección Civil  las fases del ciclo de la emergencia son: previsión, prevención, planificación, intervención y recuperación. Recuperación, no -.

La ley española 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil diferencia:

  • PELIGRO: Potencial de ocasionar daño en determinadas situaciones a colectivos de personas o bienes. Hay peligros inminentes o latentes.
  • VULNERABILIDAD: Característica de una colectividad de personas o bienes que los hacen susceptibles de ser afectados en mayor grado por un peligro.
  • AMENAZA: Situación en la que personas y bienes están expuestos en mayor medida a un peligro.
  • RIESGO: Es la posibilidad de que una amenaza llegue a afectar a colectivos de personas o a bienes.
  • EMERGENCIA: Situación de riesgo colectivo sobrevenida por un evento que pone en peligro inminente a personas o bienes y exige una gestión rápida por parte de los poderes públicos para atenderlas y mitigar los daños y tratar de evitar que se convierta en una catástrofe.
  • CATASTROFE: Una situación o acontecimiento que altera o interrumpe sustancialmente el funcionamiento de una comunidad o sociedad por ocasionar gran cantidad de víctimas, daños e impactos materiales, cuya atención supera los medios disponibles de la propia comunidad.

 

Parece que hoy nos hemos  adaptado  a  estos cambios constantes y  asumimos que debemos seguir con nuestras vidas sabiendo que una crisis puede estallar en cualquier momento. Pero esta adaptación no conlleva preparación personal o asunción de responsabilidades.

Hoy la ciudadanía vive en la apatía: asume que el individuo solo no puede hacer nada y confía en los mecanismos institucionales para que le protejan: delega en el gobierno y su administración para su plena autoprotección.

 

Es  esencial  reenfocar la  relación con la ciudadanía  en las  fases de previsión y prevención  para  hacerla  partícipe. Se  pierde  una  gran  oportunidad  si  no  se trabaja a largo plazo para  formar a la sociedad ante posibles emergencias. En caso de crisis, el ciudadano es el primer agente de protección civil que puede no sólo salvar su vida, si no ayudar a salvar muchas otras.

Es  la  responsabilidad y  obligación  de  la  administración  destinar  recursos    a  la detección de peligros, vulnerabilidades,  amenazas y  riesgos y  a la  elaboración de planes de acción en caso que sucedan.

Es la responsabilidad y obligación de la administración por otro lado informar y preparar a la sociedad ante los posibles riesgos que la afectan.

Para  lograr  que  la  sociedad  asuma  responsabilidad  en  su  preparación  la administración  debe  proveer  contenido  relevante,  debe  convertirse  en  una fuente  referente  en  el  mindset de  la  ciudadanía.

  • Para  conseguirlo,  se  debe situar a la ciudadanía en el centro, proporcionar información que responda a las necesidades reales de las personas, información que sea verídica y contrastada, y con un tono cercano, empático.
  • La administración local debe ser pionera en la detección precoz de riesgos, y debe ser un referente para su ciudadanía en la comunicación y formación ante las emergencias derivados de estos riesgos.
  • Se debe invertir recursos en el estudio adhoc de los peligros, amenazas, vulnerabilidades y riesgos de la ciudad.
  • Se  deben  crear  planes  de  acción  para  prevenir  estos  riesgos  y  para gestionar de forma más efectiva la emergencia en caso que aconteciese.
  • Se  deben  generar  campañas  de  comunicación  y  formación  ante  estos riesgos  y  de  preparación  a  las  emergencias  con  todos  los  grupos  y colectivos de la ciudad.

 

 

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