Sobre moral panic I: influencers e influenciados

En 1938 un joven Orson Welles entró en el Estudio Uno de la Columbia Broadcasting en Nueva York para interpretar La guerra de los mundos. Lo que él no sabía es que su adaptación en forma de noticiario sembraría el caos y el pánico en distintos puntos del país y llegaría a colapsar carreteras, estaciones o comisarías de policía.

Este suceso – ficticio- ha marcado la forma de comunicar e informar de las catástrofes. Sembró el pánico y ha supuesto la creencia – para muchos errónea – de que informar, prevenir y lanzar mensajes de protección civil antes de una catástrofe pueden conducir al caos y colapsar la sociedad.

Para autores como Mileti o Quaranteli los mitos surgen cuando convergen tres factores: Cuando algo se cree cierto pero no lo es; cuando se cree que hay evidencias pero no las hay, y cuando hay personas que continuarán creyendo en ello sin importar cuantas fuentes lo desmientan.

Según ellos, el pánico se extiende cuando la sociedad no espera una fatalidad que ha acontecido sin ser prevista, y no recibe mensajes ni sabe qué puede hacer al respecto. Este pánico se agudiza cuando estas personas se encuentran en espacios cerrados sin vía de salida, y tienen la creencia de estar a punto de morir. La mayoría tenemos grabadas en la retina las imágenes de personas saltando desde los pisos más altos de las torres gemelas antes de que éstas colapsaran.

El ser humano, es humano al fin y al cabo. La realidad, es aquello que el ser humano cree que pasará. Y las tragedias, las creemos improbables, y en caso que sucedan, creemos que no nos ocurrirán a nosotros. Según Mileti existen tres formas de reaccionar ante una emergencia imprevista de gran alcance:

La primera es la intuición: explica que a falta de información, muchas de las veces, las personas optamos por hacer lo que nos parece una buena idea. Se suele decir que el sentido común es el menor de los sentidos. Por ejemplo, son muchos los casos en que los vecinos bajan por la escalera cuando hay un incendio en el edificio sin saber en qué piso está, cuando si el incendio no es grave estamos más seguros en casa y es mejor quedarse confinado.

La segunda que aporta mileti es la revelación: se basa en aquello que hacemos porque alguien nos lo ha contado. Alguien con autoridad, o en su defecto, otro emisor que llene el vacío. Si no nos han dado instrucciones hacemos aquello que nuestra prima nos dijo que había hecho un amigo suyo que le había pasado algo parecido, o lo que hemos visto en series de televisión o películas. Hoy, ese prescriptor está difuminado en la red.

Henry Jenkins, director de Estudios comparados en el M.I.T, analiza en una open lecture la comunicación tras los hechos de Columbine, y explica la incidencia de internet en la redefinición del concepto Moral Panic.

Según él, el Moral Panic se convierte en el fenómeno en el que una persona deja de hacerse preguntas y asume que tiene todas las respuestas. Explica el efecto que tiene internet sobre éste fenómeno y pone cómo ejemplo una encuesta que el Post hizo a la ciudadanía americana preguntando de dónde habían sacado la información sobre el caso de Columbine, y el 80% (¡el 80%!) contestó que de internet.

Jenkins afirma que el poder que asumen las personas en internet es inusual: pueden no tener control de su entorno físico (casa, trabajo, amigos, familia…) pero es en el espacio virtual dónde uno puede decidir quién quiere ser, y qué quiere contar. Columbine sucedió en 1999. Qué decir de hoy en día, con las redes sociales.

Esta revolución tecnológica ha dotado a un gran número de ciudadanos de unas herramientas que les permiten, con mayor facilidad que nunca, crear encuadres e influir en el proceso de conformación de la opinión pública, sin tener que pasar por los medios de comunicación tradicionales

Brigitte L.Nacos, 2002, Mass-Mediated terrorism. Nueva York: Rowman&Littlefield Publishers Inc.

De hecho, y como también aparece en el estudio de Dennis S. Mileti, el ser humano tiende a no hacer caso de los primeros mensajes de emergencia: primero confirma que estos mensajes son ciertos. Este es un comportamiento repetitivo, propio de nuestro instinto, muy complejo de modificar. El ser humano siempre pregunta y se asegura. ¿A quién acude? A las redes sociales, a sus familiares, a sus amigos, a los medios de comunicación.

Eso significa que hoy las organizaciones, además de comunicar por sí mismas, deben encontrar en las redes sociales a los colectivos y las personas afines a la causa y que pueden hacer eco y dar veracidad a los contenidos que se aporten.

Captura de Pantalla 2020-03-15 a les 9.05.21

¿Cómo debe ser este contenido? Como se comenta en la unidad didáctica, debe ser claro, específico, seguro, verídico, contrastado, consistente. Hay dos creencias que se deben romper:

 

  1. La primera es que el mensaje deba ser corto y llamativo. El mensaje no encaja en el sector de la publicidad ni del marketing, es comunicación sobre una emergencia, y por tanto se debe abastecer la información necesaria.
  2. La segunda es la de querer emplear palabras tranquilizadoras. Si tras un mensaje de gravedad publicamos “no os preocupéis” generamos duda y confusión en la población. ¿Me informan de que hay una bomba en la estación pero que no me preocupe? Incoherente, va contra la naturaleza humana.

El uso del internet, las plataformas digitales, han reconfigurado la manera que se crea la opinión pública y han alterado los papeles que tradicionalmente tenían asignados instituciones políticas, y administrativas, medios de comunicación y ciudadanos.

Lesaca, J (2017) Armas de seducción masiva, Barcelona: Grup Editorial pág.31

 

Cada sociedad debe ser consciente de los riesgos con los que convive, y estar preparada para hacerles frente. Vivimos en la sociedad del riesgo, en una época llena de incertidumbre, de amenazas y de cambios constantes. Tratar la comunicación preventiva sobre emergencias es esencial.

1 comentario

Deja un comentario